Big Sur, San Francisco, Redwoods, Crater Lake y Portland. Itinerario día a día con campings recomendados por Cruise America.
Hay carreteras que son un trámite para ir de A a B, y hay una que es el viaje entero: la Pacific Coast Highway. Esta ruta la coge desde Los Ángeles y no la suelta hasta Seattle, subiendo por el filo del Pacífico con Big Sur, San Francisco, las secuoyas de la costa, Crater Lake y Portland por el camino. Dos mil kilómetros que no se miden en kilómetros, se miden en miradores.
¿Playa o bosque? ¿Ciudad o carretera vacía? Aquí no hay que elegir: se arranca entre las palmeras de Venice y se termina con el Monte Rainier de fondo en Seattle. Doce a dieciocho días, según lo que quieras exprimir. Sin prisa: la Highway 1 castiga la prisa, y hay tramos donde ni siquiera hay cobertura para tenerla.
No es para ti si buscas calor garantizado y vida de resort, o si te agobia conducir carreteras estrechas de curvas con acantilado a un lado.
Mi consejo antes de que te sientes al volante
Big Sur es el corazón de la ruta y también su tramo más delicado: 145 kilómetros de los más espectaculares de toda la Highway 1, pero sin gasolineras en todo el trecho. Deposito lleno antes de entrar, siempre. Y ojo con el vehículo: hay restricciones para los de más de 10 metros, así que el C25 pasa cómodo pero un C30 se complica.
Segundo: en San Francisco no metas la autocaravana en la ciudad. Se aparca en un campground de la zona (Marin RV Park o Candlestick RV Park) y se entra en transporte público. La ciudad se disfruta a pie o en cable car, no buscando dónde meter nueve metros de vehículo.
Tercero: la niebla costera de junio a agosto —lo que aquí llaman June Gloom— suele levantar antes del mediodía. Si tu ventana es rígida, septiembre es el mejor mes: menos niebla, menos gente, temperaturas amables.
Recogemos la autocaravana en Los Ángeles y empezamos suave: Venice, Malibú y Santa Mónica para tomarle el pulso al vehículo y a la costa. Después, ruta costera hasta Santa Bárbara, la que llaman la "Riviera Americana", con sus viñedos alrededor. La primera noche, un RV park frente al mar para que el sonido del Pacífico te ponga en modo viaje.
Subiendo por la costa, parada obligada en Hearst Castle, la mansión desmesurada del magnate de la prensa William Randolph Hearst. De camino, el vino de Paso Robles —tierra de Zinfandel— y el peñón y las focas de Morro Bay. Base en San Luis Obispo, pueblo universitario con encanto de misión californiana.
El tramo que justifica el viaje: 145 kilómetros de los más espectaculares de toda la Highway 1. El Bixby Bridge para la foto, las cascadas de McWay Falls cayendo directas a una cala imposible, y cóndores de California planeando sobre los acantilados. No hay gasolineras ni cobertura móvil en todo el trecho, así que se entra con depósito lleno y la cabeza tranquila. Esto es carretera para saborear.
Big Sur desemboca en la península de Monterey. Se recorre la 17-Mile Drive entre cipreses retorcidos y mansiones, se visita el Monterey Bay Aquarium —de los mejores del mundo— y se pasea por Cannery Row, la calle de las conserveras que inmortalizó Steinbeck. Al lado, Carmel-by-the-Sea, un pueblo de galerías y casas de cuento.
Dos días para la ciudad más europea de la costa oeste. El Golden Gate, Fisherman's Wharf con su clam chowder en pan de masa madre, Alcatraz (se reserva con antelación, no se improvisa), el cable car subiendo cuestas imposibles, y los barrios con historia: Haight-Ashbury y Castro. La autocaravana se queda aparcada en un campground de la zona y se entra en transporte público.
Tierra adentro, al corazón vinícola de California: más de 300 bodegas entre Sonoma y Napa. Pinot Noir y Cabernet de nivel mundial, catas entre viñas y el curioso Old Faithful Geyser de Calistoga, que revienta puntual cada pocos minutos. Un respiro de la carretera con copa en mano.
De vuelta a la costa, la de Mendocino, más salvaje y menos turística que el sur. Y después, el momento gigante del viaje: la Avenue of the Giants, entre secuoyas de más de 100 metros y hasta 2.000 años de edad. Hay campgrounds dentro del propio parque para dormir literalmente bajo los árboles más altos del planeta.
Cruzamos a Oregón para el lago más profundo de Estados Unidos (~600 metros), un cráter volcánico lleno de un agua azul que no parece real. La Rim Drive de 53 kilómetros lo rodea entero, con miradores a cada curva y la Wizard Island asomando en el centro del lago.
La ciudad más cool del noroeste: food trucks por decenas en Alder Street, Powell's Books —la librería independiente más grande del país—, el sereno Japanese Garden y más de 70 cervecerías artesanas. Un par de días para comer bien, beber mejor y bajar el ritmo antes del tramo final.
Último tramo hasta Seattle para cerrar la ruta. Pike Place Market, la Space Needle, y el Monte Rainier recortándose al fondo en los días claros. Devolución de la autocaravana y fin de una costa entera recorrida de sur a norte.
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